Mujeres que se apoderan de la historia: ALFONSINA STORNI

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Fue una poetisa que nació en Capriasca, Suiza en 1892. A los 4 años se trasladó a vivir a Argentina, vivió en Rosario, Santa Fe y Buenos Aires. Conformó el primer grupo en la lucha de las mujeres por ocupar lugares de reconocimiento en los espacios de la literatura de América.
Se graduó como maestra y en 1917 fue nombrada maestra directora del internado de Marcos Paz. Madre soltera, hecho que no era aceptable en su época, Alfonsina Storni fue sin embargo la primera mujer reconocida entre los mayores escritores de aquel tiempo.Retrato-de-la-poetisa-Alfonsin_54392279603_51351706917_600_2261 bild_span12La obra poética de Alfonsina Storni se divide en dos etapas: la primera, caracterizada por la influencia de los románticos y modernistas, corresponden La inquietud del rosal (1916), El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919), Languidez (1920) y Ocre (1920). La segunda etapa, caracterizada por una visión oscura, irónica y angustiosa, se manifiesta en Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938).
Un mes antes de su muerte, publica Mascarilla y trébol, donde culmina la aventura vanguardista aunque en el fondo de un abismo: en este último libro la realidad aparece rodeada de imágenes oscuras, a veces grotescas. En 1935 se le diagnosticó un cáncer de pecho y debió someterse a una operación quirúrgica en la que perdió su seno derecho. El hecho de tener que pasar por una mutilación física para seguir viva, la marcó profundamente. En los dos años siguientes a la operación, presiente la cercanía de la muerte ya que su salud empeora de manera irremediable.

 Alfonsina, consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío, de esta forma, en octubre de 1938, se marcha a Mar del Plata, supuestamente a descansar. Una noche, después de unas horas de intenso dolor, llama a la asistenta de la pensión donde se hospeda y le dicta una carta para su hijo. En la madrugada del 25 de octubre, Alfonsina, de cuarenta y seis años, bajo una lluvia torrencial, se arroja al mar desde un espigón dejando como testamento un poema, «Voy a dormir», y una carta de despedida a su hijo Alejandro.